jueves, 3 de noviembre de 2011

La comunicación en la Educación

La comunicación es un proceso social permanente que integra múltiples modos de comportamiento como la palabra, el gesto, la mirada, la mímica, el espacio interindividual, es un todo integrado. El acto de comunicar es un proceso complejo en el que dos o mas personas se relacionan y, intercambian mensajes con códigos similares, tratan de comprenderse e influirse, utilizando un canal de soporte en la transmisión de la información.

La comunicación en la sociedad como un lenguaje capaz de nombrar al mundo, para escuchar la indagación, la duda y la palabra de aquel que nos escucha. Paulo Freire puso ese proyecto en el mundo, pensando la comunicación desde la cultura, comprendiendo que la comunicación implicaba no solo las tretas del dominador sino también todo aquello que en el dominado trabaja a favor del dominador. En la educación fue lentamente una situación de fuerza que se transformo en situación de hecho, legítima y legitimada por los mismos oprimidos. La escuela continúa consagrando un lenguaje retórico y lejano a la vida, a sus penas, sus ansias y sus luchas, absolutizando una cultura que asfixia la voz propia, transmitiendo la visión que la minoría dominante tiene de la historia nacional, su culto de los próceres, sus odios, y sus entusiasmos, sus mitos y sus prejuicios, que han quedado como contenido de las cartillas que deletrean los escolares de todo el país. La escuela solo salva a una minoría y en contrapartida continua enseñando que el que llega mas lejos en los estudios tiene derecho a mas dinero, a mayores privilegios, a mejor posición social, continua estigmatizando al rebelde, al que posee demasiada imaginación, al creador, fabricando ese hombre- serie que nunca va mas allá de los modelos establecidos y que a lo mas que aspira es a adaptarse. Si todo eso no es exclusivo del sistema escolar latinoamericano ello posee una carga de injusticia mayor allí donde el derecho a la escuela se identifica con el derecho a la palabra y donde ese derecho sigue siendo disfrutado solo por unos pocos. La cultura escolar prolonga la cultura del silencio.

En la historia de América Latina es un largo y denso proceso de incomunicación, que es lo que hubiera permitido descifrar la conquista y la colonia como historia y no como fatalidad de un destino. La incomunicación de unas de las vanguardias separadas del pueblo, al que quieren liberar por las trampas que les tiende una expresividad centrada sobre si misma, negada a la comunicación. La palabra no se llega sin atravesar el espesor oscuro de la lengua, su densa estructura a la vez elemental y compleja a la cual la sociedad y el mundo se dan codificados como trama de signos a decodificar.

La presencia del lenguaje en la conformación de la sociedad como sistema, de la gestación de las estructuras mentales colectivas, que permite o impide la entrada del individuo a un grupo social, el instalarnos en un sistema de cosas desde el sistema de las palabras.

Ya que hablar no es solo servirse de una lengua sino poner un mundo en común, hacerlo lugar de encuentro, que es la instancia en que emergen mundo y hombre a la vez. Y aprender a hablar es aprender a decir el mundo. La comunicación entre dos individuos como transmisión de un mensaje sucesivamente codificado y después decodificado, reanima una tradición filosófica en la que el hombre se concibe como un espíritu enjaulado en un cuerpo, que emite pensamientos en forma de ristras de palabras. La comunicación entre dos individuos es un acto verbal, consciente y voluntario.

Pensar al lenguaje como mediación es pensarlo a la vez hecho de signos y símbolos. El símbolo puebla el universo del hombre marcando su imposible acceso inmediato a las cosas, obligándolo a aceptar esa otra mediación que introduce el desciframiento del sentido. De las múltiples tipologias de símbolos nos retendremos en la problemática de la educación.

La primera categoría nos asoma a la base de toda comunicación, al espesor simbólico del repetir que subyace al dialogar. La segunda accedemos al movimiento, al acto de comunicar. Y la tercera des-cubrimos la palabra inédita que hace estallar al lenguaje usando en la comunicación subvirtiéndolo, recreándolo.

Dialogar es arriesgar una palabra al encuentro no de una resonancia, de un eco de si misma, sino de otra palabra, de la respuesta de otro. El dialogo se teje sobre un fondo de pronombres personales que forman la textura de la intersubjetividad. Ya que en la comunicación los hombres asumen su palabra haciendo estallar a la vez el círculo de la totalidad y el de la conciencia, es descubrir en la trama de nuestro propio ser, la presencia de los lazos sociales que nos sostienen.

Los individuos de una sociedad manifestamos pensamientos, actitudes o pensamientos por medio de la palabra, de los gestos o de los comportamientos, pero esa expresión no es entendida como una función particular del lenguaje, ni como un tipo de discurso frente a otros, sino como potencia primordial la de hacer existir la significación. La expresión habita un mundo de significaciones ya sedimentadas, de palabras usadas, confundiendo la memoria de esas significaciones disponibles con la existencia de un pensar interior que el lenguaje se limitaría a traducir.

Paulo Freire dice que el analfabeto no es el individuo que no sabe leer, ni escribir, sino el que es impedido de decir su palabra. Y la alfabetización será entonces la praxis educativa que devuelve a los hombres su derecho a decir lo que viven y sueñan, a ser tanto testigos como actores de su vida y su mundo. Dejando de ser una simple falta de instrucción, el analfabetismo se revela consecuencia estructural de un sistema injusto, que domina excluyendo a las mayorías de aquel espacio cultural en que se construye la participación.

Las salidas del universo existencial del hombre vuelven a el, transformadas en modo de acción sobre el mundo. Porque la lengua no aparecerá como un instrumento extraño, abstracto o mágico, sino como cultura, al mismo tiempo también trama de relaciones objetivadas y lugar de construcción y creatividad del sujeto. La palabra es la capacidad de decidir, de contar la vida, de pensar y escribir el mundo como historia de la que el alfabetizado forma parte de sujeto y actor.

2 comentarios:

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  2. En una cultura basada durante mucho tiempo en el silencio, y a pesar que aun quedan rastros de esa cultura, es importante que se este revalorizando el dialogo no solo en la educación, sino también en la sociedad.

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